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La Coctelera

Curiosa nota ésta que aparece en la revista Ñ del diario Clarin de Argentina donde  libreros de la Av. Corrientes describen algunos de los principales intereses de los ladrones de libros. Y el premio en popularidad se lo lleva Foucault, lo cual no resulta del todo extraño para ser el país que es. La paradoja tiene que ver, quizás, con el tema de algunas de las obras del filósofo francés como la que ilustra esta nota: Vigilar y castigar.

Quienes nos movemos en este mundo bibliófilo desarrollamos una suerte de sexto sentido para reconocer a los ladrones y es exactamente como lo relatan los entrevistados:

Robos hay de todo tipo: aleatorios y apurados, eruditos (como ejemplo, un librero no sabe explicar cómo alguien se llevó la obra completa de Borges de una vez), a pedido del cliente y en equipo: "Viene uno, lo marca y le saca la alarma y otro se lo lleva", detalla Eduardo, otro vendedor. En verano, pero sobre todo en invierno. "Cuanta más ropa llevan puesta, más bolsillos y lugar tienen para esconderlos. Hay situaciones insólitas también. Por ejemplo, una chica una vez entró con un sobretodo en verano, era obvio que vino a robar, así que la enganchamos con ocho libros en la parte de adentro del abrigo", ríe Sebastián, de Losada. "Aunque los ladrones son generalmente amables. Piden disculpas, devuelven el botín y prometen no volver", cuenta Nahuel.

Más información | El bibliómano

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