Hoy 26 de agosto de 2007 habría cumplido Julio Cortázar 93 años. Estuve buscando allá y acá entre todo el material maravilloso que se consigue sobre él el Internet y finalmente me decido por reproducir una carta que él le escribiera al club de cronopios de Estocolmo y en la cual menciona a Neruda con mucha complicidad, respeto y cariño.
Su lectura me hace sentirlo tan presente y al mismo tiempo, extrañarlo tanto. . .
París, 8 de febrero de 1972
Queridos Marina y Paco
Y así es como viajan los cronopios. Un día alguien avisa que hay un paquete en la aduana. Uno va a la aduana y de golpe las dificultades crecen, hay que llenar formularios, explicar que no está enfermo de cólera (el paquete ¿pero quien lo prueba, si para empezar nadie sabe lo que contiene el paquete?). Para probar que no hay cólera ni una bomba habría que abrir el paquete, pero el paquete no puede ser abierto hasta que se haya comprobado que no tiene microbios de cólera o medio quilo de dinamita.
Todo el mundo grita, llora, insulta, vuelva mañana, no vuelva nunca, esto no es vida. Se buscan influencias, pero Pompidou tiene una reunión de gabinete y no puede ir a la aduana a abrir personalmente el paquete, de manera que tengo que volverme a casa y poner varias almohadas sobre mi cabeza y una bolsa de hielo por encima de todo. Pasan ocho días, papeles van y vienen, explique por qué recibe un paquete de Suecia/No tengo la menor idea/Si no tiene la menor idea, imposible entregarle el paquete/En ese caso me dirigiré a las Naciones Unidas y a la Shell Max, esto no va a quedar así/Pague cinco francos y llene esta planilla.
Entonces Pablo Neruda me telefonea para decirme que en Estocolmo le regalaron un cronopio negro. Está tan contento, Pablo, tan feliz con su cronopio. Yo empiezo a preguntarme si el parquete, pero la cuestión del cólera sigue en pie y yo no soy ni premio Nobel ni embajador, de manera que vuelva mañana y traiga cinco certificados de domicilio, identidad, buena salud, moralidad y solvencia. El comisario del distrito me tiene lástima: le haremos un solo certificado con todos los datos juntos, y agregaremos al pie: Messieurs les douaniers, assez de connerier, ouvrez d'une bonne fois le colis, nom de Dieu, merde alors.
Y lo abrieron, mis queridos, y el cronopio verde estaba ahí y se moría de risa mirándome, y yo lo tomé en mis brazos e inmediatamente se hizo pis en mi pulóver de cachemira, cronopio desgraciado, y por si fuera poco mi amiga Ugné que estaba conmigo se enamoró instantáneamente del cronopio y el de ella, y así es como el cronopio está en su casa, aterrorizando a todo el mundo y absolutamente feliz, y yo todavía más.
Esto, tal vez, les explicará el retraso con el que les escribo, porque así es como viajan los cronopios y ya pueden verse los resultados. Gracias, muchas gracias, los tres lo decimos al mismo tiempo, Ugné, el cronopio y yo. Al cronopio le gusta París, está sumamente verde y cambia continuamente de lugar. Imposible invitar chicas jóvenes y bonitas porque inmediatamente se instala en sus rodillas y es un espectáculo envidiable y odioso, uno se siente completamente desplazado por el cronopio y él lo sabe y se arrodilla al cuello de la chica y le dice cosas en el oído y la chica se pone muy roja y la reunión toma un aire que recuerda los peores capítulos de Sade. Después el cronopio se apodera del diván más confortable y duerme panza arriba y con un aire de gran felicidad, puesto que ha conseguido destruir todos los principios morales que sostenían la casa. Ni ustedes ni yo somos culpables, los cronopios ya viven por su cuenta, no queda más remedio que resignarse. Para peor uno ama al cronopio, lo cuida y lo acaricia, es el colmo.
He creído de mi deber enviarles este sucinto informe. Me pregunto que estará pasando en la casa de Neruda, pero no creo que me atreva a preguntárselo.
En 1957, Max Miedinger y Edouard Hoffmann diseñaron esta tipografía que se ha convertido en todo un ícono que este año arribó a sus 50 años:
La Helvetica es un icono del diseño suizo de los años 1960 y 1970. Prácticamente ninguna otra escritura impregna el espacio urbano como esta tipografía lo ha hecho, casi sin interrupción, desde su nacimiento.
La fuente Helvetica es clara y simple, lo que explica ciertamente su éxito en todas partes. La encontramos en la publicidad, las cartas de los menús, las señalizaciones carreteras y ferroviarias. De Zúrich a Londres pasando por Milán, Berlín, Tokio y Nueva York: todo o casi todo está escrito en Helvetica.
En los años 70 era una estrella en las empresas que la utilizaron de manera frecuente para su identidad corporativa. En particular, la adoptaron el gigante suizo del comercio al menudeo Migros y los ferrocarriles suizos (CFF).
A mi me resulta muy familiar porque justamente las dos empresas de las que hablan: Migros y la CFF eran parte de mi cotidianidad cuando visitaba a mis abuelos en Zürich. Estaba en el tren, estaba en el mercado, estaba en los edificios y luego, años después, Mircosoft se inventó la Arial que fue lo más cerca que pudo llegar a imitarla.
Se hizo un documental que fue presentado el 24 de marzo de este año en el Museo de las Artes Aplicadas de Zúrich. Aquí un extracto (no conseguí versión subtitulada) que supongo que es el mismo que se presenta en la exposición del MOMA en Nueva York:
Les recomiendo también esta parte del documental, que es una entrevista con Wim Crouwel. Para mi ha sido todo un descubrimiento:
Ayer fue el Día de Internet. Decretado hace cinco años como una iniciativa de la Sociedad de la Información y la UNESCO, se ha ido celebrando cada año que pasa en más países. Esta celebración, sin embargo, está marcada preponderantemente por el uso mercantil y comercial que se le da a la red, dejando de lado el impacto que tiene en muchas otras áreas, como la educativa, social, artística y recreativa, entre otras.
Detenerse a pensar en el impacto que ha tenido, y tiene, Internet sobre la literatura, y viceversa, puede parecer a muchos un anatema o un tabú, sin embargo nos damos cuenta de que el basamento de la web que es la interconexión entre puntos de información (ergo, entre personas que crean esa información), le debe mucho también a la literatura comenzando por lo que le brinda solidez al entramado: el hipertexto .
Pensar que son dos espacios aparte, que no se tocan significa no querer ver lo que está a la vista y quiero apuntar sólo algunas líneas que las interconectan. En primer lugar creo que Internet afecta a la literatura, positivamente, en tres procesos. En el de la creación, en el de la publicación y en el de la recepción.
1) La creación colectiva: la distancia que existe hoy en día entre el momento en el que se crea el texto literario y el momento en el que ese texto puede ser leído es cada vez más breve. En Internet, además, aparecen cada vez más herramientas de edición a través de las cuales la creación de un texto (sea de la naturaleza que sea) se transforma de un acto absolutamente individual y solitario, en un acto colectivo, público y autorregulado.
Eso hace, además, que la noción de autor se vea cuestionada, al menos tal como la veníamos conceptualizando hasta ahora. La muerte del autor fe decretada hace unas décadas pero creo que, en verdad, lo que ha ocurrido es una mutación de ella.
Sobre esto tengo un par de links pendientes de leer:
2) La publicación online: quizás uno de los temas más complejos en esta relación porque es, además, el más obvio pero el que más miedo genera en las estructuras tradicionales. Es, sin embargo, un proceso, imparable, indetenible. Tanto a través de los blogs, como a través de plataformas que cada vez con más frecuencia prestan el servicio de publicar libros electrónicos quien escribe un libro puede publicarlo y distribuirlo con mucha facilidad.
Lo mismo ocurre con la proliferación de bibliotecas electrónicas y de proyectos de digitalización de documentos para preservarlos y ponerlos al alcance de cada vez mayor cantidad de gente. Sobre eso sí he escrito algunas cosas, pero cada día aparecen más .
3) La lectura en red: la lectura también es un punto muy polémico en esto de la influencia de Internet y parece un tema colateral porque se refiere al soporte en el cual tendemos o tenderemos a leer las publicaciones digitales.
No leemos solos, leemos en comunidades. La lectura, cuando se hace en Internet es un acto colectivo. Y lo es porque la lectura pasa a ser compartida, los puntos de vista, las discusiones, los diálogos apuntan hacia una búsqueda de sentido colectivo.
No leemos como antes, es decir, no leemos linealmente, de principio a fin sino que, además de la lectura en barrido, leemos interconectando textos.
Lectura y escritura son dos procesos que, en la red, están cada vez más cerca. Esto es algo que experimento cada vez que escribo un post en mi blog (excepto, por ejemplo, éste, ya que lo escribo a partir de lo que pienso). La lectura desata ideas, ergo, desata escritura que luego se enriquece a través del diálogo con lectores.
Ya lo dije, son apuntes. Es mucho lo que queda por fuera en este primer borrador.
Este video me lo había pasado Uchi en la mañana y ahora lo consigo en Youtube. Una curiosa manera de grafitear sin dañar las paredes. Siempre que se trata de escribir...
Un espacio virtual con noticias, reflexiones, comentarios sobre algunos de los temas que más me interesan: literatura, escritura, música, edición, cibercultura,educación, medios de comunicación, internet, accesibilidad, usabilidad y arquitectura de la información.
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